Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Santiago 4:8

En términos humanos, es difícil describir cuán cerca o lejos nos encontramos de Dios. La distancia no puede ser medida por nuestros estándares, emociones o intelecto. No hay tecnología disponible para medir nuestra cercanía. Solo puede ser recibido y aceptado a través de la fe. Una cosa es segura, es por los méritos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo que se nos otorga la oportunidad de estar cerca de un Dios santo, amoroso y perdonador. Su palabra nos dice:

Entonces, con confianza, acerquémonos al trono de la gracia, para que recibamos misericordia y encontremos la gracia para ayudar en momentos de necesidad. Hebreos 4:16

De hecho, es Dios quien inicia la cercanía y nos invita a todos acercarnos a Él. Su deseo de cercanía se nos revela por el esplendor de su gloriosa creación y por el mensaje especial de salvación que solo se encuentra en las Sagradas Escrituras. Cuando Dios te apela, a que te acerques, te presenta un hermoso viaje. No es fácil, es estrecho y a veces no es cómodo. Pero es un camino seguro donde Él promete no dejarnos ni abandonarnos. Es su revelación especial la que nos guía y ofrece límites para mantenernos cerca.

A medida que anclamos nuestra fe en la Biblia, comienza nuestro viaje de descubrimiento y cercanía. Sus mandamientos nos llevan a una vida productiva. Nuestra fe depende del Autor, nuestra parte es responder al amor y la bondad de su mensaje de restauración. La Biblia describe explícitamente cómo podemos relacionarnos con nuestro Padre Abba. La cercanía a Dios es un estilo de vida para perseguir cada día de nuestra existencia. La evidencia de una relación cercana con su Espíritu llevará a buen término los acontecimientos naturales y sobrenaturales en nuestras vidas. El proceso de transformación más maravilloso ocurre cuando experimentamos nuestro estrecho vínculo con Su gracia.

Para permanecer cerca, también debemos saber y ser conscientes de qué acciones pecaminosas e impenitentes nos alejan de Dios. Como queremos agradar a Dios, debemos permitir que el Espíritu Santo nos lleve a la convicción cuando actuamos mal. El mundo y sus atracciones, es una de nuestras principales luchas. Este ofrece una ventana de placeres y deseos carnales, pero sus consecuencias y su dolor personal son devastadores para nuestra cercanía a su Santidad. Además de los estándares del mundo y las pasiones carnales, también se nos manda a someternos a Dios y resistir al diablo. La tentación de fracturar nuestra relación con Dios es real. Una vez que toca a nuestra puerta, debemos aprender a no responder.

Sin lugar a dudas, a medida que nos acercamos a Dios, los beneficios son abrumadores. La cercanía rompe la barrera del miedo. La cercanía trae destino y propósito eternos en nuestras vidas. El fruto del Espíritu es una evidencia común de nuestra cercanía. Nuestra cercanía da potencial a nuestros sueños y esperanzas. De hecho, es su amor el que nos mantendrá cerca, porque nada puede separarnos del amor de Dios. Hagas lo que hagas, corre hacia Él porque Él quiere abrazarte como su hijo o hija.

Pastor Jorge Cardenas