Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:27).

La intercesión es la acción de intervenir por otros. Cuando oramos por los demás, se produce una ley Divina de influencias sobrenaturales. La Biblia está llena de historias de intercesión. Abraham hizo todo lo posible para interceder por Sodoma y Gomorra. Moisés vivió una vida de intercesión por su pueblo mientras los condujo a liberarse de la esclavitud. Él rogó a Dios por los israelitas en momentos muy importantes. Es muy posible que las tribus de Israel hayan sido eliminadas por Dios en respuesta a su conducta rebelde, pero el hombre humilde Moisés intervino ante Dios por su pueblo y Dios lo escuchó.

Dios creó este proceso Divino y misterioso llamado intercesión. Los resultados de pedir a Dios en nombre de otros son una dinámica poderosa. Job oró por sus amigos que lo acusaron injustamente de merecer todas sus tribulaciones porque según ellos Job hizo algo indebido contra Dios. La oración de Job les impide obtener lo que merecían. Nehemías intercedió por su pueblo a Dios en ; también le pidió al rey de Babilonia que favoreciera el gran proyecto de su pueblo en Jerusalén. El profeta Daniel oraba tres veces al día por su pueblo judío; era un intercesor muy poderoso y tenía la capacidad de comunicar misterios reveladores. Una de las más poderosas oraciones de arrepentimiento está escrita en Daniel 9: 1-19, que asumió la responsabilidad personal de los pecados de su pueblo.

En el Nuevo Testamento encontramos a Jesús orando por otros constantemente; antes de su oración final en la cruz, le pidió al padre que perdonara a quienes lo crucificaron. En el libro de Hechos, está Esteban orando en su último momento para que sus asesinos fuesen perdonados por Dios, entre ellos estaba el Saulo de Tarso el futuro San Pablo. En consecuencia, la Biblia demuestra lo poderoso que es orar por otros independientemente si son amigos o enemigos. El apóstol Pablo oraba fervientemente por los nuevos creyentes, describió algunas de sus oraciones tan dolorosas como el dolor del parto.

La intercesión está sucediendo en el trono de la Gracia de Dios continuamente. Jesús está a la diestra de Dios, intercediendo por nosotros. Las oraciones de Jesús están alineadas con la intercesión del Espíritu Santo. El apóstol Pablo describe esta poderosa evidencia: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. El Espíritu de intercesión está en nosotros guiando el camino para que encontremos la buena y perfecta voluntad de Dios. También estamos llamados a ser intercesores de Dios. De hecho, una persona sencilla y humilde se convierte en el héroe o heroína más oportuno cuando permite que Dios lo use como intercesor. Descubre el poder dinámico dentro de ti al convertirte en un intercesor para la Gloria de Dios. Deja que el Espíritu Santo te apodere como un obediente intercesor.

Por el Pastor Jorge Cardenas