Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Romanos 8:11 (RVR1960)

El Espíritu Santo y Dios Padre estaban involucrados en la resurrección de Jesús. Este es el evento principal que cambió toda la humanidad. Sin la resurrección de Jesús, la fe cristiana sería solo otra religión de códigos y conducta. La vida de Jesús sería una historia trágica sin evidencia de resultados eternos. Los cristianos estarían adorando a un dios muerto, sin oportunidad de redención y vida eterna. Nuestro futuro no ofrecería nada más que dejar de existir. Los seguidores de esta fe no tendrían ninguna esperanza celestial.

Fue Jesús el Cristo quien por su obediencia, sufrió en la cruz por todos. El hombre era perfecto cuando Dios lo creó en el jardín, pero el pecado cambió nuestra naturaleza. El gen humano se corrompió a causa del pecado. Se debía hacer algo para regenerar espiritual y físicamente a los descendientes de Adán y Eva. Se requería un donante perfectamente apto para esta cirugía redentora. Tenía que poseer el tipo de sangre perfecto para reparar la naturaleza degenerada del hombre. Su sangre requería tanto la naturaleza humana como la divina. Tenía que ser de un ADN perfecto, no corrompido o teñido. Tenía que ser totalmente sin pecado. Tenía que ser universal, disponible para todos aquellos que creen en la obra redentora de Dios.

Además de las calificaciones del donante, tenía que morir para que se activara su poderoso propósito. Tenía que probar que en tres días resucitaría de la muerte cuando predijo a sus discípulos. Esto sucedió por el poder del Espíritu Santo. Durante sus días de ministerio de acuerdo con el Evangelio, Jesús resucitó al menos a tres personas: el hijo de una viuda, la hija de 12 años de Jairo y su querido amigo Lázaro. ¡Pero fue su resurrección la que lo cambió todo!

Este evento innegable hace que la fe cristiana sea única y que esté por encima de todas las religiones. En verdad, es la resurrección de Cristo por el Espíritu lo que permite a sus seguidores alcanzar la eternidad. El pecado abrió la puerta a la muerte, sometiendo a la humanidad a su horrible aguijón. Sin embargo, fueron la muerte y resurrección de Cristo las que derrotaron el pecado y la muerte. Aceptémoslo, regocijémonos y agradeciéndonos ante nuestro Padre Abba.

Por el Pastor Jorge Cardenas