Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, Tito 3:5

La belleza de comprometer nuestras vidas con Cristo es el proceso de transformación que tendrá lugar mediante la regeneración de nuestra alma y espíritu. Esta es la obra poderosa hecha solo por el Espíritu Santo. Jesús prometió el poder del Espíritu en nosotros. La transformación ocurre cuando permitimos que el Espíritu Santo obre en nosotros a través del lavado de la regeneración y la renovación del Espíritu. ¡Qué increíble es eso! El cristiano nacido de nuevo no se queda solo para sobrevivir en su viaje espiritual, en absoluto. Al igual que un padre no dejará a un recién nacido para cuidarse a sí mismo en la cuna, el Espíritu no nos dejará ni nos abandonará. De hecho, es la obra del Espíritu quien mora en nosotros lo que manifiesta la gloria de Dios a todos los que siguen a Jesús.

El día glorioso en el que comprometiste tu vida a Jesús, comenzó un proceso de lavamiento y renovación. Las cosas que te parecieron fáciles de hacer para manchar tu alma ya no son tan fáciles. Empiezas a pensar más de dos veces cuando la tentación llama a tu puerta. Además, sus patrones de comportamiento comienzan a cambiar para mejor. La convicción del Espíritu no nos liberará hasta que decidamos obedecer. La dulzura del Espíritu nos llevará a una mente llena de la agenda de Dios para nuestro beneficio.

Nuestra comunión con el Espíritu Santo es vital para nuestro lavado y renovación. Es el Ayudante quien cancela nuestras devastadoras circunstancias de nuestra vida carnal formal. De acuerdo con Romanos 8: 27: Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.Qué alegría es conocer la obra del Espíritu en nosotros. Él está intercediendo en nuestro nombre para que podamos encontrar la perfecta voluntad de Dios. La salvación es solo el comienzo de nuestro viaje a la eternidad, la regeneración es el mantenimiento constante de nuestra alma. De hecho, es el proceso de regeneración el que confirma que somos hijos de Dios que heredamos la gracia sobre la gracia.

Cada vez que enfrente las decisiones que se deben tomar independientemente del tamaño y el nivel de importancia, cuente con el Espíritu. Cuando estés lidiando con tus propios fracasos, entrégalos al Espíritu. Cuando las cosas parezcan estar en tu contra, solicita la ayuda del Espíritu. Cuando tengas dudas, pide la seguridad del Espíritu. Cuando lea las Sagradas Escrituras, pida la iluminación divina del Espíritu. Cuando testifiques acerca de tu fe, únete al Espíritu. Deja que el Espíritu Santo continúe trabajando en ti una vida digna de tu Salvador Jesús.

Por el Pastor Jorge Cardenas