Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Hechos 10:38

Desde el momento de nuestro nacimiento, venimos a este mundo con cierto nivel de dolor. Esa famosa palmada que recibimos al nacer es la misma que confirma nuestra saludable existencia. Una vez que experimentamos nuestro primer trauma, pasamos el resto de nuestra vida buscando la sanidad de nuestras heridas. Podemos decir con seguridad que nos pasamos la vida en búsqueda de sanción. Algunos han llegado a este mundo y han experimentado un rechazo de inmediato. Como el niño que no fue deseado y colocado de inmediato en adopción. Incluso para aquellos cuyos padres estaban esperando y muy emocionados por su nacimiento, eventualmente experimentarán los dolores normales de la vida en un mundo hostil.

Debido al pecado original del hombre, todos llevamos sentimientos y la realidad del quebrantamiento. A veces, el ambiente que se suponía que era un lugar seguro y de cuidado, resultó ser el origen de la mayor parte de nuestro dolor. Para un niño quebrantado que está lidiando con problemas importantes con la auto-identidad en la vida a veces es una tarea fría e insoportable. Si queremos escuchar acerca de las personas quebrantadas debido a su identidad desplazada, necesitamos escuchar lo que la mayoría de los niños de crianza temporal (foster care) expresarán sobre su experiencia con el quebrantamiento.

Mientras que en el tiempo del ministerio de Jesús, había personas que estaban afectadas con problemas de salud, desde la depresión hasta la posesión de espíritus malignos, desde ceguera hasta lepra y todo otro tipo de tragedia humana. En nuestros días podemos ver tantas maravillas que la ciencia ha curando y erradicado enfermedades comunes. Sin embargo, el quebrantamiento humano sigue plagando a la sociedad. De hecho, hemos ganado terreno positivo en la tecnología para mejorar la vida; y aún así, ahora estamos tratando con una desconexión humana sin precedentes. Las relaciones no duran como solían hacerlo. La gente se mueve de un lugar a otro en un tronar de dedos. 

En nuestros días estamos en una necesidad desesperada de sanidad, no tanto física sino muy probablemente espiritual y emocional. Las vidas rotas necesitan ser reparadas. Las personas están escapando de su dolor en mundos de fantasía y adicciones sistemáticas. Estamos tratando de reparar nuestro quebrantamiento con pequeñas caritas para lograr sanar heridas horribles. Solo el poder del Espíritu Santo producirá sanidad eterna. Para tener acceso a un poder tan formidable, debemos humillarnos y pedir al Espíritu Santo que cure nuestras heridas presentes y del pasado. Es el amor y la dulzura del Espíritu lo que eventualmente nos ayudará a tratar y curar nuestras heridas. Todos tenemos un nivel de quebrantamiento, nuestro camino a la recuperación total sucede una vez que damos un paso de fe y clamamos: ¡Espíritu Santo, por favor, sáname

Por el Pastor Jorge Cardenas