Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es del espíritu.
Juan 3: 6

Como creyentes y seguidores de Cristo, en verdad tenemos dos cumpleaños. El primero es el día en que nacimos naturalmente, y el segundo es el día muy especial cuando nacimos del Espíritu. Nuestro viaje de fe tiene muchos giros y vueltas. Para permanecer atados a la voluntad de Dios, debemos aprender la diferencia entre caminar en la carne y caminar según el Espíritu. Mientras buscamos servir a Dios como hijos nacidos de nuevo, nos enfrentaremos a muchas decisiones. La pregunta que debemos responder es si nos rendiremos o no a la guía y el control del Espíritu Santo en nuestro proceso de toma de decisiones.

Nuestro mayor deseo es dar nacimiento a las decisiones en el Espíritu y evitar la carne. Por ejemplo, Abraham, el padre de la fe y su preciosa esposa Sara tuvieron una promesa de Dios para eventualmente tener descendientes. Mientras esperaban la promesa, su edad y las circunstancias hacían imposible concebir. Intentaron indirectamente hacer cumplir la promesa con sus propios esfuerzos. Pidieron a Agar, su esclava, que les ayudara con llevar a cabo el plan de Dios. Finalmente, Agar tuvo a Ismael, un niño que no nació de la promesa de Dios.

Curiosamente, Dios siempre tiene una manera de redimirnos de nuestra toma de decisiones erróneas. Después de muchos años, Isaac finalmente nació de acuerdo con la promesa de Dios. Todos tenemos una tendencia a desesperarnos cuando las cosas no van de acuerdo con nuestros tiempos y deseos. Es por esto que terminamos dando a luz cosas e ideas de la carne y no del Espíritu. Cuando tomamos una decisión que parece ser buena, debemos darnos cuenta profundamente, no solo de cómo nos afectará, sino de cómo afecta a los demás. Incluso si parece moralmente justo, ¿podemos hacer algo que parezca bueno que resulte incorrecto? De hecho, esto puede suceder incluso a las personas más agradables que conozco.

Dios tiene el mejor interés para nosotros. Según su Palabra, él tiene los mejores planes para nosotros. No solo debemos conformarnos con lo bueno cuando Dios tiene lo mejor para nosotros. Debemos dejar de tomar decisiones basadas en los deseos carnales que trabajan contra nosotros. Hay que aprender a esperar en Dios mientras se desarrolla nuestra paciencia y nuestro carácter. Pídele a Dios hoy que te revele si tus decisiones se están tomando de acuerdo con el Espíritu o en la carne.

Por el Pastor Jorge Cardenas