Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.
Isaías 11:2

La vida es un conglomerado de decisiones tomadas del pasado y el presente. Somos el resultado de tales decisiones. Definitivamente, hay momentos de nuestras vidas cuando enfrentamos circunstancias más allá de lo que está bajo nuestro control. En consecuencia, la forma en que reaccionamos ante situaciones fuera de nuestros actos o control es lo que nos definirá como personas de fe y seguidores de Cristo. La vida presenta esos momentos en que nuestras decisiones trascenderán por el resto de nuestro tiempo en este mundo. Esta es la razón por la que debemos orar y hacer peticiones a nuestro Señor para obtener sabiduría dentro de nosotros porque somos anfitriones del Espíritu Santo.

La Biblia nos dice específicamente que si carecemos de sabiduría, debemos pedirle a Dios, quien da a todos los hombres de manera abundante y sin reproche. Tenemos un Ayudante que nos otorgará esta sabiduría una vez que lo solicitemos. La sabiduría divina pone en evidencia la perfecta y santa voluntad de Dios sobre nosotros. La sabiduría De Dios va más allá de nuestra percepción e intelecto. Su sabiduría se aplica a nuestra vida diaria, lo que nos hace audaces y fructíferos. La fuente ilimitada del Espíritu de sabiduría se encuentra principalmente en las Sagradas Escrituras.

Es nuestra conexión con el Espíritu Santo lo que hace que nuestro caminar diario con Dios sea un lidero continuo de sabiduría en un mundo lleno de incertidumbre. La manera de responder a la adversidad y al avance personal es pedir sabiduría en nuestras oraciones diarias. De hecho, el apóstol Pablo en su oración por los santos les pidió que recibieran de Dios un espíritu de sabiduría y revelación. Es un don abundante otorgado a todos los creyentes. En nuestro espectro de tomar de decisiones es imperativo que busquemos la sabiduría de Dios. Es vital darse cuenta de que cada decisión no solo nos afectará, sino a las personas que eventualmente se verán consumidas o beneficiadas por nuestras decisiones.

Si el tiempo lo permite, tome mucha oración e investigación antes de tomar una decisión final. Pregúntese, ¿es mi decisión moral y justa ante Dios? ¿Qué otras alternativas están disponibles? ¿Quién se beneficiará? ¿Qué autoridad en este asunto debo consultar? ¿Cuáles son los costos y beneficios? No tome una decisión cuando esté cansado, molesto o temeroso. Evite cualquier tipo de presión de grupo en su evaluación de toma de decisiones. ¡Sea real, no tome decisiones pretendiendo ser algo que no es! Aprenda de otras personas, pero evite copiar y pegar. Recuerde, usted es único y también lo son sus decisiones. Sobre todo, pídale al Espíritu de sabiduría que le ayude poderosamente en cada paso que dé para complacer a Dios con sus decisiones.

Por el Pastor Jorge Cardenas