Si el Espíritu de quien levantó a Jesús de entre los muertos mora en ti, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos también dará vida a tus cuerpos mortales a través de su Espíritu que mora en ti. Romanos 8:11

¿Estás viviendo para morir o estás muriendo para vivir? Esta no es una pregunta fácil, incluso para aquellos que están familiarizados con las Escrituras. Esto implica una comprensión clara de que vivir para Cristo significa una muerte tajante a los deseos de la carne. La buena noticia es que tenemos un Ayudante para lograr una hazaña tan inmensa y difícil; es el Espíritu Santo quien mora en nosotros y quien nos dará vida en la plenitud de Cristo. Así es quien «y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz» (Colosenses 1:20).

Sorprendentemente, hay un lado práctico al estimar lo que es vivir en el Espíritu. En términos simples, es vivir la vida abundantemente para la Gloria de Dios. Aún puede seguir realizando todas las actividades diarias, disfrutar de la familia, los amigos y la comunidad. Lo que cuenta más es que vives en una relación única y estrecha con Cristo a través del poder del Espíritu Santo. De hecho, serás probado cada día mientras tomas tu cruz y practicas morir a las adicciones del egoísmo de la carne. Se trata de adoptar una actitud humilde en todo y pedir ayuda del Espíritu Santo.

Morir a lo atractivo de la carne es una batalla de por vida. Necesitamos asegurarnos de que somos crucificados con Cristo de manera constante y consistente. En el momento en que se enfrenta a un despertar de la carne, responda de manera adecuada y diligente afirmándose a sí mismo: «He sido crucificado con Cristo. Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne, vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí»(Gálatas 2:20). Sé que no es tan fácil, especialmente cuando enfrentamos una tentación particular que parece abrumadora. Sin embargo, al aceptar vivir a través del Espíritu Santo, es Él quien nos soporta y asiste para responder apropiadamente y superarla.

La ilustración única de vencer la tentación fue modelada por Jesús, cuando el Espíritu Santo guió a Jesús al desierto para enfrentar la tentación de Satanás. Jesús respondió a cada tentación con la espada del Espíritu, no accedió a responder a sus propias palabras y en cambio, testificó en la confrontación diciendo: «Escrito está». Es por eso que no podemos responder a la tentación con nuestra propia lógica, debe ser confrontada viviendo através del Espíritu quien nos permite ser conquistadores. Sé proactivo en tu camino cristiano, no permitas que la carne te retenga de las asombrosas cosas que el Espíritu ha guardado para tu destino victorioso.

Por el Pastor Jorge Cardenas